jueves, 24 de octubre de 2019

Qué acuerdos ni qué acuerdas.



Tantos años buscando "pareja" para terminar así. Que me corre por las venas un rechazo que me muero. Que el mundo nos ha engañado. 

1 + 1, suma, no restes. Los cojones. Todo es mentira, soletes. 

Encuentro más amor y coherencia en el agua de mi piscina que en cualquier "pareja" que conozco.


Estar en "pareja" es el mayor engaño de la humanidad. Luego están los hijos.


Tener "pareja" es renunciar, es aguantar, es replantearte tus creencias cada día de cada semana.


Es ver como la zona de confort te alivia para después ahogarte sin tregua con tus propias manos.


Es darte cuenta de que no basta con presentar el ticket de compra para obtener una devolución.


Es intentar que dos almas quepan en una talla XS.


Es oír cada día desde el exterior: Pues yo soy feliz, todo depende de los acuerdos que tengáis.


Vete a la mierda. Qué acuerdos ni qué acuerdas. Vete a la mierda.


Si tu "pareja" es tan libre y guay y respetuosa y avanzada, que cada uno hace lo que le da la gana , lo que le hace feliz, pero feliz con mayúsculas y en neón, y al otro no le importa ni le choca ni le harta ni le incomoda ni le descoloca, eso no es una "pareja", eso es el puto paraíso. Y el paraíso no existe. 


Así que dejémonos de "parejas". 

Te quiero porque me río contigo, porque me abrazas con ganas, porque te echo de menos, porque tu mirada me recarga las pilas, porque no te quiero cambiar ni la playera. Porque mi carácter no te intimida. Te follo porque me corro siempre la primera, porque hay días en que no quiero follarte y ni te enteras porque estás en tu casa. Porque me gusta que me hables muy cerca sabiendo que en esos minutos te irías conmigo a una isla desierta. Y ya.


Las "parejas" se aburren juntas, engordan juntas, se odian juntas, se amargan la vida juntas. Pero sobretodo creen que tienen los mismos planes, iguales, exactos, calcados. Su lema es resiste y vencerás. Pero cuando resistes lo único que quedan son callos y músculos adoloridos. Las cervezas heladas, el sexo empapado y las palmeras que brillan más por el deseo desaparecen de la escena. No hay meta ni premios ni la maldita satisfacción, nada de eso. Solo tu sonrisa forzada diciéndoles a los demás: Pues yo soy feliz, todo depende de los acuerdos que tengáis. 




lunes, 12 de agosto de 2019





MI DIARIO

Esta semana pasada perdí a mi amante, va a tener pronto un hijo con su mujer. Él aún no lo sabe pero ella sí. 
También perdí la ilusión de ver que alguien luchara por defender sus idiosincrasia, eso me dolió más que perderlo a él.
La idiosincrasia, ese concepto siempre en venta. Barato. 



Mi ex, que necesita un psiquiatra como tú y yo respirar en este segundo, está muy cerca de conseguir que sea yo la que vaya al especialista a suplicar que me recete todo lo que se le ocurra y algún extra por si no me sale del todo bien la sonrisa idiota. 



La próxima vida (shhhhh, hagamos como que existe) quiero sentir como me disculpan hasta lo más vergonzoso, quiero patalear con cuarenta años y que la humanidad mire para otro lado, quiero que me pregunten si ya tengo a dónde enviar ¡! las tres (3) camisas que debo planchar a la semana (#problemasreales), quiero que me amen por exponer una foto hermosa con mi bebé cuando lo tengo unas horas a la semana. Quiero que entiendan mis borracheras hasta morir en las que me cuesta dos días acordarme de que existo (y de que existe el bebé). Exacto: quiero ser un hombre. 



Los desconocidos continúan apareciendo y ayudando, creo que es mutua la necesidad de intercambiar fluidos verbales y nos escuchamos con cariño en escenas surrealistas como un chat tipo confesionario o un McDonald enorme y vacío. Gracias, vida. Siempre tan oportuna. Hija de la gran puta.



Recuerdo a veces algunos hombres que me han gustado hasta perder la vergüenza y vergüenza es lo que me da ahora acordarme de ellos. 



Recuerdo amigas que son abrazo puro y viven al otro lado del planeta. Coño. 



Mis padres como hijos y mis hijos como padres. No sé donde acaba la responsabilidad y donde empieza la realidad. Tengo la certeza de que a mi posible nieto (no, por favor, no existas) le tocará viajar fuera del planeta huyendo de la basura (véase Wall-e)



Cuando era puta fui valiente, fui yo. Quizás por eso no me hice rica. Pero sobreviví, creé mi camino de la nada, estuve arriba y abajo, me sentí sola hasta el dolor porque las putas no hablan con nadie que no sea otra puta porque nadie debe saber que estás dispuesta a hundirte para salvar lo que tienes alrededor. En este mundo de mierda los hombres que se hunden por los demás son héroes, las mujeres no.



Vender todo (no tengo nada) e irme a plantar tomates y cuidar gallinas. Tejer y hacer mandalas. Leer y beber vino. Bailar y cocinar pasteles. Escuchar música y recibir visitas inesperadas. Escribir y ver películas. Fumar y cantar muy alto. No tener redes sociales y quererme. 
Y así. Buenas noches. 

domingo, 1 de enero de 2017

Toda esa nieve que comenzó a caer.


Los ninis y los sisis. El dolor de estómago. Los likes de feisbuk.
Mi perro meando en la alfombra.
Tu olor detrás de mi nuca.
Un libro que acabo de leer y que querría que todos leyeran.
Respirar sol.
Acortar distancias con risas enlatadas.
Tener que trabajar y cómo empezar.
Huir de la vida para no llorar.
Llorar para alcanzar lo sencillo.
La sencillez como terapia.
El pasado que te ha hecho así y por eso y nada más que por eso lo amas.
Mi boca pretendiendo ser hogar.
Refugio de soledad.
Soledad fría como helado y caliente como asfalto.
Ven conmigo a mis sueños.
Te enseñaré los más bonitos.
La música suena aunque no la oigas.
De verdad, te lo prometo.
Porque te tuve en la mano y te asusté.
Porque nada me ha dolido tanto sin esperarlo.
Porque no supe qué hacer con toda esa nieve que comenzó a caer.
Porque te pareces tanto a alguien a quien amé.
Porque me sigues apretando el nudo en la garganta y ni lo sabes.
Porque me sentí la más guapa y la más fea.
Porque insisto en salir de ti y sigo viendo tu mueca ahí delante.
Porque no hay nostalgia peor que la que ya sabemos y tú has hecho posible que nunca suceda.
Porque digo yo que tendrás que desaparecer y sólo así podré dejar de mirarte y sentir ese hueco que no entiendo y me hace dudar de los tréboles de cuatro hojas que nacen en la maceta de mi jardín. 


lunes, 12 de diciembre de 2016

Razones

                         


En este mundo apresurado lleno de vidas desquiciadas se complica por momentos encontrar razones.

Cuando te pasas el día separando la basura para reciclar, clasificando bolsitas... para luego irte al súper a comprar un paquete de magdalenas que contiene 24 envases individuales de plástico absolutamente indestructible, es tarea casi imposible encontrar razones.

Cuando ves que la ilusión se derrite cada vez más joven.

Las personas pueden ser razones. Qué suerte. Si contáramos las veces que esas razones con patas nos han salvado la vida. Sólo con su presencia. No hacía falta más.

A veces algo intangible que nos una, también es razón de peso. De consuelo, de ilusión.
A mi se me ocurre que las palabras son razones.

Palabras que nos hacen reír, nos suenan bien, nos evocan, nos alegran, nos ponen tiernos...

Cachivache, rimbombante, birlibirloque, carambola, nebulosa, sandalias, mandarina, achuchón, comilona, principio, siempre, carámbano...

Cada uno tiene sus palabras, cada uno tiene sus deseos, sus secretos, sus teclas, su música particular.

Sus razones que a veces van de la mano. Hacen pareja. Como las palabras que hacen parejas magníficas y sugerentes: realismo mágico, te amo, playas desiertas, chocolate caliente, espíritu crítico...

Y tríos fantásticos: tormenta de verano, se admiten mascotas, sexo con amor, comida de mamá...

Sólo pronunciarlas, sólo oírlas alivia el alma. ¿Son o no razones para soportar el absurdo generalizado?

                                          ....................

Aunque no sé para qué escribo todo esto cuando a mi lo que de verdad me haría feliz es cubrirte de palabras que ablanden el dolor.
Darte pequeñas razones todos los días de tu vida y poco a poco hacer una casita de razones brillantes, hermosas, preciosas, calentitas, meternos dentro a tomar té, cocinar rico, ver películas y vivir en paz por siempre jamás.





viernes, 11 de noviembre de 2016

Todo estallará

                                


Mi mundo rebosa y se da de golpes contra las paredes de la sala.
Lo detengo como puedo aliviando peso en lágrimas, intentando copiar la velocidad que mueve a los árboles gigantes que me acompañan a diario delante de mi ventana.

Sedienta de calmantes del tipo que sea van pasando horas y luego días mientras escribo y escribo.


Sabiendo que todo estallará quizás cuando vacíe la luna este mes de noviembre.


Quiero dibujar alivios en mi cabeza y sólo los encuentro entre mis piernas. Pero son de mentira y soledad. A ratos vivo, cuando miro al cielo, y a ratos insisto en buscarme en unos ojitos brillantes y preciosos que traje a este planeta porque en el fondo aún creo.


Y no sé si tú crees.


Cada día me quiero más y entiendo menos. He crecido con secretos que he sabido perdonarme. Quisiera contártelos para ser un poco más feliz, porque cuando uno habla se refleja en otra persona y baja la marea. Y sería bonito que eso pasara. Podrías contarme los tuyos y estaríamos en paz.


Pero a lo mejor tú no quieres hablar ni llorar, ni reírte de nada. A lo mejor tú sólo miras al cielo para vivir y ya. Porque así controlas más tu dicha o tu pesar, quién sabe.

Yo antes controlaba y era infeliz. Ahora lo sé, me costó aprenderlo. Y año tras año iba soltando cuerdas.

Cuando vi que morirse es un semáforo que cambia, un tic, un relámpago, un teléfono que se cae al water, terminé de aceptar el descontrol.


Y tuve que explicarlo sin entenderlo aún.

Hay muertes que se esperan y hay muertes que se te caen encima.
Ponen patas arriba la vida porque es su única forma de hacernos entender que basta, que paremos de pensar y saltemos muy alto hasta que las piernas se rindan. Que nada es para tanto y que, joder, celebremos locamente que estamos vivos para sentir lo que queramos.
Y entonces mi cerebro no controló más porque el corazón decidió que tomaba el mando.

Ahí comenzaron a ser mis ganas las que resbalaran desde algún rincón mientras elegían entre A o B. 

Entre Abrazar o Besar.

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Hoy que escribo esto a la vez que reboto contra las paredes de la sala la verdad es que soy extrañamente feliz y sonrío porque aunque a veces quiera sufrir un poco, lo cierto es que si me caigo me levanto tan rápido como cuando era pequeña.

Y es que nada, absolutamente nada, es para tanto.
Y eso sí es bonito.

sábado, 11 de junio de 2016

La fila


Fue el minuto, el filete, el abrigo, la llave, la gota, el aire, el tráfico, la tarde, la gorra, el amarillo, las uñas, el vaso, la foto, el susurro, la mueca, la página, el número, los ojos, el mueble, la cortina, las botas, el cojín, la mancha, el cielo, las flores, un calcetín, la camisa, dos botones, tu sueño, los míos… todo se fue acumulando en una fila interminable hasta que no se vio el final. Justo en ese momento era cuando más cerca estaba de acabar todo. Cuando se dieron cuenta del desastre uno se durmió y otro escribió esto.



Creo

Yo que me deshago cada día un poco más y no tengo ni la más mínima idea,
creo en la nube que tapa el sol.
En tu sonrisa congelada pegada a mi retina.
En el mensaje que desordena mis preocupaciones.
En la infinita posibilidad de lo imposible.
En una escalera que no hay que subir porque a la mitad  encuentras lo que buscas.
En ir sola al cine.
En huir sin salir de casa.
En las trampas revoltosas que esconden las miradas.
En el tiempo que evapora lágrimas.
En el sueño que espabila la sangre.
En caminar para descansar.
En bañarse a oscuras.
En ventanas como lunares en la noche.
En bailar hasta salpicar felicidad.
En juramentos de saliva y collares de pestañas.
En tus huellas enamoradas de mis pies.
En echarte de menos sin haberte tenido.
Y en el amor que parece sexo para que nunca dejemos de creer.


lunes, 27 de mayo de 2013

Un lunes de mayo





Esperar un mail. Refrescar la página cada cinco minutos. Leer estados de adultos que son propios de niños de 12 años con mentalidad de 6. Ver que las noticias sí pueden ser peores que las de ayer. Volver a sentir la impotencia alimentada por la estanqueidad de las cosas. Saber al ser humano cada día más idiota. Oír de fondo la última película de José Sacristán y María Valverde para soportarlo. Desear que la vida sea una buena y larga conversación. Sentir como, sin avisar, vuelven sensaciones no muy agradables que tenías cuando eras otra persona, hace algunos años. Querer ser como la gente que llena tu muro de tontás y es súpermegafeliz. Notar que todo es un sueño demasiado real, hasta más que los que te agotan por la noche. Desear contar mi vida, la de verdad. Incluso querer saber la vuestra, la de verdad. Dificultar todo cabreándome conmigo porque no me parezco a nadie. Pensar que estoy caminando hacia el agua de la playa en que nací. La playa más bonita del mundo. Escupir alguna frase que nació para ser trascendental y que nadie se dé cuenta. Ensimismarme a gusto. Intentar zafarme de la nostalgia envenenada que moja de golpe los cristales. Caer en la cuenta de que es como si hubiera vivido 100 años. Que a ti no te pase lo mismo. Darme la vuelta como la ropa para poder seguir con un mínimo de dignidad. Ponerme en el lugar de los demás desde que tengo uso de razón, para entender que si no lo hacen también ellos pues no te creas que vale de mucho. Aceptar que el planeta esté sobrepoblado, de bobos mayormente. Comerme una gelatina. Analizar morfológicamente la adolescencia para sobrevivirla con éxito. Saber que estoy completamente loca porque voy a tener otro hijo y soy feliz. Vivir conmigo todos los días y haber llegado hasta aquí. Que me importe poco lo que os pasa y menos lo que pensáis. 
Y ahora ya, segura totalmente de conocerte de otras vidas, soñar con terminar esta dentro de muchos años, sentada a tu lado besándote muy despacio mientras te respiro.


                                                                          Carol

miércoles, 10 de abril de 2013

La yaya


Olía a café con leche condensada, a Joya de Myrurgia y a laca Elnett.

Puedo sentir con total realidad sus manos blanquísimas, como las mías, cogiendo mis manos pequeñas, como las suyas.

Ver su anillo ovalado de jade y el reloj dorado cuadrado con su cadena de eslabones pequeñitos en la muñeca.

La veo perfectamente. Mirándome con sus ojitos verdes brillantes, el pelo de peluquería castaño oscuro y su eternísima expresión de niña pequeña con su boquita de punto. Contándome que algo es "chiquinino", que fulano es un "lila de la casa'campo" o que esa chica está muy "finústica".
Cantando "Los nardos", "La violetera" o "Madrid", esta última despacio para que yo la copiara. Es que siempre me confundía con el estribillo.

Algunas veces la odié cuando tuvimos que combinar mi adolescencia, confusa y criminal como todas, con su resignadísima y lastrada madurez. 

Su matrimonio no fue fácil y perdió a un hijo.
La vi llorar demasiadas veces por las dos cosas.
Nadie hasta el día de hoy me ha partido tanto el corazón.
Por eso le perdonaba los cotilleos que no venían a cuento. Su desquiciante servilismo, que luego entendí como inercia.

Fue ejemplo de lo que no tenía que ser.
Y a la vez una mujer a la que vengar de manera inconsciente porque llevo mucho de ella.

Rota para siempre por la guerra civil, como toda su generación y algunas más, guardaba todo. Y cuando digo todo me refiero hasta el trocito de cuerda más insignificante, los tapones de todas las botellas, miles de botones desparejados en la caja de los hilos, la caja negra con motivos chinos del ColaCao; retalitos, alfileres, papeles de cualquier tipo...

Me enseñó que las plantas te ayudan y mucho, a ser feliz. Que la ironía lo hace todo un poco más soportable. El placer de un café después de comer. Que los pasatiempos te guían cuando te confunde el camino y a dar puntadas básicas en la vida de la ropa. 
Ahora que lo pienso me enseñó la pausa. A pararme en la vida para recuperar el aliento y poder seguir. Como hizo ella.

Menos mal que ya no está. Hace años que tiene Alzheimer. Los que conocemos esta enfermedad sabemos que es mejor que ya no estén. Que lo horrible es cuando se están dando cuenta de que se van. Quieres que pase todo rápido. Que se vayan ya, por favor, aunque no miren, aunque no hablen, aunque no sepas donde están. Al menos no lloran.

Me regaló unos segundos cuando ya no lo esperaba, hace casi dos años levantó la cabeza, me miró, sonrió y me dijo el "mi niña" más bonito que me han dicho jamás. Inmediatamente volvió a irse lejos pero a mi me hizo la nieta más feliz del universo.

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Ay, yayita, tenía esto guardado hace tiempo porque quería que te quedaras para siempre en la red esta que ni has llegado a conocer.
Y menos mal, porque si la hubieras conocido también hubieras visto que en la Gran Vía ahora El Palacio de la Música es un H&M y otras barbaridades de la puta vida moderna, esa que va tan deprisa que lo destroza todo cuando pasa, sin tener en cuenta a las personas que están ahí. Las mismas que se quedan mirando perdidas y ya no encuentran nunca su sitio porque nada se parece a lo que conocían y ha ocurrido todo de repente, sin avisar, explotando, sin darles tiempo a reubicarse. Cambiando bailes y canciones por teclas y pantallas. Dejándonos desnudos de verbenas, de esas que tanto te gustaban.

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Ya te vas, por fin descansas.
El yayo me ha dicho que estabas preciosa, que habías abierto los ojos gracias a la paz de la morfina.

La distancia, como en tantas ocasiones, odiosa enemiga del consuelo y del abrazo.
El único consuelo me queda en la tripa. Muy cerca de las vísceras. Justo ahí, donde está la vida.

                                               
                                                                     Carolina

miércoles, 13 de febrero de 2013

Tú no sabes.

Tú no sabes cuántas veces tengo que contar para vivirla.

Cuántas veces me duele la vista si no te veo y el tacto si no te toco.

No sabes que los días se me hacen horas y lloran las semanas y los meses crecen.

Cuántas veces me consuela lo inmenso de lo pequeño y me avergüenza cansarme y salirme fuera, con la puerta cerrada, sin entender bien las voces que oigo tras los cristales.

Tú no sabes, definitivamente, que el sentido es la risa y que también hay veces que guardo estas palabras en "borrador" para luego, mucho tiempo después, hoy de repente encontrármelas y darme cuenta alegremente que cada vez me hundo menos sin razón.

Que me estás curando el pasado, coloreando el presente y haciendo real un futuro.

Que la tranquilidad me está haciendo crecer al fin. Porque todo es más simple y cada día necesito menos.

El secreto va a ser que parece que usamos los mismos zapatos.
Pues no, son diferentes. Pero parecen iguales...


lunes, 5 de noviembre de 2012

Me aparadojo bien temprano.






Algo cansada del sinvivir de no conformarse y joderme el cuello buscando el arcoiris entre edificios.

Camino y vuelo.  La mayoría de las veces no estoy. Los déjà vu cada vez son más frecuentes.

Nos mentimos desde el desayuno. Nos creemos la risa que trae el café. Y con ese acelerón cafeínico comenzamos a andar y a hablar de las elecciones norteamericanas. 

¿Cuántos finales Disney nos envenenan desde chiquitos?

La sencillez es un objeto anticuado. La gente sencilla está disfrazada de pasado mañana. 

Muero por respirar. Me aparadojo bien temprano. Y no te aviso por si se apaga el boiler y nos quedamos fríos.

Sueño que lo descifro todo. No, la verdad es que me paso la noche intentándolo pero no lo consigo.

Quiero pensar sin tener prisa, hacer punto de cruz con los colores de cada esquina por la que paso.

Tu mano en mi muslo es un seguro de vida. De esta y de la que vendrá después. Ahí que me vuelva a encontrar, quien sabe donde, quien sabe cuando, dentro de tus ojos.

De repente, unos dientes que necesitan ortodoncia masajean mi corazón. Pum, pum...pum, pum.

La magia es el vértigo metido en la piel arrugada. Arrugas que se borran con la sorpresa de un esmalte de uñas verde flúor.

Con tanta selección de basura se nos olvidó la selección natural.

Alguien que te conoce del pasado viene a decirte lo fuerte que eres porque a veces te olvidas. Gracias, gracias.

¿Cuánta tristeza cabe en un vagón de metro?

Comer, beber, amar y succióname el alma, quítame el abrigo, maréame. Sólo entonces podremos bailar.

...soplaré y soplaré y todo el plástico derribaré.

Adicciones que hacen conocidos a los extraños en un mundo de redes en pantalla. Antes no había, antes no era, antes cómo era, antes cómo se hacía, antes, antes, antes... Apunta: olvidar la palabra "antes"

"Me gustaría brillar y volar" Se convirtió en purpurina la criatura.

Cualquier golpe duele menos que agarrarte a la inercia por no caer.

La ociosidad es la madre de todos los vicios. La inseguridad la madre de todos nosotros.

... y la vida es un crucigrama blanco, una parida, un sudoku "difícil", un mandala por colorear, la segunda parte de un libro que siempre está prestado, el parque de atracciones al que ibas de pequeño y todo lo que tú quieras. TODO.

Y bueno, eso...


Y, sí, me siento mejor después de vomitaros sensaciones que me revuelven los dedos y que no veo porque necesitaría gafas de aumento, de esas que roban todo el encanto.


                                                                          Carol

lunes, 23 de julio de 2012

"Tú y la vida"

Yo no quiero ser otra por inercia. Creo que la inercia mata más que fumar y que las modas enferman.
Quiero una vida sencilla y sé que se puede.

No me gustan la tele, la calle, las consolas, los relojes, el plástico, las luchas y rebeliones que siempre están ahí, sin avanzar, años y años, y siglos, y como si fueran de hoy mismo, como si descubrieran algo. Qué aburrimiento. Qué manera de atontar. Qué espiral sin fin.
Cuanta más historia leo más ganas de irme a vivir al monte me dan.

Son demasiadas frustraciones las que nos rodean. Las nuestras y las de los demás. Y pesan una barbaridad. No dejan que te muevas, sólo que te arrugues quieto como una piedra.

No quiero competir, sólo quiero vivir.
No quiero hacer daño. Ni que me lo hagan.

Llenarme de colores y sonidos todos los días.
Crecer sin estar pendiente de lo que crece el de al lado.
Me gustaría no ver tan a menudo la muerte como un descanso.

Me gusta coser, reciclar, reutilizar, aprovechar. Porque siento que la basura come.
Necesito enseñar y ayudar.
Me ponen nerviosa las poses, las posturitas, la gente que te mira, que te juzga, que te señala, que te etiqueta.
No entiendo que la gente joven no se dé cuenta de que ya está todo inventado. El mundo avanzaría bastante más si aprendieran de los que llevan aquí más tiempo. Sin duda.
No me gustan los animales "humanizados" en casas, la dependencia, las costumbres, los asilos, los circos, el abuso. No le veo la gracia a reírse de nadie.
Me gusta hacer fotos a la ropa tendida y perder el tiempo sonriendo. Ah, y escribir. Suelo sonreír cuando termino.

Como no entiendo nada me gustaría no tener que explicarme, si es posible.

En esta tarada cotidianidad que hace que lo que digo suene cursi de puro simple me acuerdo de un recorte de periódico que me regaló mi madre hace tiempo y que las mudanzas extraviaron. Me sentí extrañamente reflejada cuando lo leí. Muy desnuda, incómoda. Sentí como si te enseñaran un futuro que no puedes aceptar aún. Como si te contaran de más. Ahora con el mundo cada vez más negro, más sucio, más artificial y absurdo... lo que me transmite es paz, posibilidad, tranquilidad y alternativas.
Se llama María, pero se puede llamar Carolina, Pedro, Lucía, Manuel, Ana, Iván... 
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"María y la vida"

Acabo de reencontrarme con una buena amiga de juventud a la que hacía 30 años que no veía y de la que no sabía nada. Vive sola con dos perros en una urbanización modesta y remota junto a un pueblo perdido de Toledo, sin coche, sin Internet, con una nevera roída por el óxido que parece chatarra pero que enfría bien, cultivando sus propias verduras en un huerto minúsculo, viviendo en el más desnudo filo de una economía de subsistencia.
La última vez la vi en la estación de Atocha, ataviada con un mono fabril color butano y tomando un tren camino de la India. Ahora me he enterado de que ha vivido muchos años en Goa y en el Himalaya, y en Italia y en Madrid y de nuevo en la India. Ha atravesado a pie Afganistán, ha desempeñado diversos trabajos, ha dado clases ella misma a sus dos hijos, que no fueron nunca escolarizados. El mayor decidió ser físico, y a los 15 años se examinó en un instituto madrileño para incorporarse directamente al Bachillerato. Sacó los mejores resultados en décadas. Ha hecho la carrera con notas espectaculares y ahora está terminando el doctorado. Se diría que mi amiga les supo educar. También en el cariño: sus dos hijos y sus dos nietos la visitan mucho.
Se ha pasado los últimos nueve años cuidando, ella sola, a su compañero, paralítico y enfermo. Él murió hace un mes. Llevaban juntos 33 años. Pintaba y escribía, como mi amiga. La casa está llena de cuadros de los dos, impresionantes cuadros simbolistas de intrincado detalle. Esta casa de austeridad espectral que es la antítesis de nuestra sociedad del desperdicio. De la misma manera que mi amiga, con su vida excéntrica de cometa libérrimo, es la antítesis de lo artificial, de lo convencional y lo superfluo. Hay una especie de sencilla pureza en ella, una autenticidad que corta como una cuchilla. Sí, hay otras maneras de vivir. Se llama María.

Rosa Montero, El País, 17 de marzo del 2009.
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Creo que voy a empezar a mirar pueblos abandonados, por ir adelantando... o directamente el monasterio, no sé, no sé ;)

viernes, 2 de marzo de 2012

El jodido mundo humano.


-Diana ¿¿Pero por qué lloras?? Es que llevas todo el día llorando, joder. Siempre llorando, joder- le recrimina el padre.

-Es verdad, Diana, te pasas el rato llorando-corrobora la madre- ¡hija, ya está bien! a ver, ¿es que quieres un zumo? ¿eh? ¿¿¿quieres un zumo??? - mientras la mira enfadada y harta.

Diana, desde el cochecito, embutida en una exageración de ropa de abrigo, visiblemente agobiada y notoriamente confundida, los mira con pena y tristeza mientras se le resbala la baba de la boca. Muy roja, la cara empapada, el flequillo pegado a la frente, hastiada, se queda callada, jadea.

Parece que sabe más que ellos. Sabe que no la entienden. Es más, sabe que no la van a entender nunca porque no se esfuerzan ni se esforzaran por hacerlo jamás. Porque no se molestarán ni un segundo en ponerse en su lugar. Mantener viva su propia amargura día a día los tiene demasiado ocupados. Y más que los tendrá. Se creen que nacieron así, como son ahora, los muy idiotas.
En cuanto a Dianita, luego le irán echando la culpa a la adolescencia y arreglado.

Su hermana pequeña duerme en otro carrito al lado. Se ve que aún no se le exigen respuestas como a Diana.
Debe de tener cuatro o cinco meses.
Diana, no más de año y medio.

Próxima parada, Ríos Rosas.
Salen del vagón cada progenitor con un carro.
Y así un día más en el mundo de los humanos.

A la señora que tengo enfrente le ha faltado un segundo para levantarse a quitarle el abrigo a la niña. Bueno, a todos.

martes, 20 de diciembre de 2011

Colores de MUJER




Veo mujeres azules,

obsesivas, enfadadas.
Mujeres frías, que sufren
agobiadas y asustadas.



Mujeres que no recuerdan,

olvidan caer, se encierran,
se amargan, lloran, se dañan.
Y arañan y atacan...pena,
a las mujeres naranja.



Naranjas de sol y de alma,

llenas de mimos y calma.
Las azules no se acuerdan
que una vez fueron naranjas.



Si rascaran su yo triste,

si se rieran con ganas,
si se dejaran templar por la tibia madrugada...
el naranja volvería a calentarles la cara,
encontrarían sentido a la cotidiana nada.



Y de repente ese día, envejecen las distancias,

todo está cerca, es posible.
Sin quererlo son aladas.
Y esa sed que las quemaba
desaparece, e infinito
el horizonte es naranja.




miércoles, 30 de noviembre de 2011

Y yo, tantas veces despreciable... PESSOA.


Para tod@s l@s que nos sentimos tan despreciables frente a los demás... tan repugnantemente impolutos.

Que no os confundan, la perfección es un espejismo macabro. Disfrutad del video, gente REAL.

http://www.youtube.com/watch?v=KP9n7YyU8J4


martes, 22 de noviembre de 2011

GARABATOS en el metro.


Cuando me miras sin verte, cuando me alivia tu olor y yo con mi olor te empapo, y callamos y a tu alma sin perder tiempo me ato.. Cuando tu sudor es mío y tu calor está dentro, en la poesía te encuentro… y río y mis manos cantarían al darse cuenta al momento de que ya se acaba el cuento, y ahora TODO ES POESÍA.


viernes, 18 de noviembre de 2011

DeclaracióN




Esos días había pensado unas cuantas veces en dejar de fumar. Y resulta que fumaba más que nunca.
Allí de pie en la ventana, pasando frío, lo apagó.
Miró a la cama. Nunca se había sentido tan vulnerable, expuesto, indefenso, nervioso... a ratos, sí, pero QUÉ ratos.
Toda la vida pensando que el amor era "eso" y ahora, joder, a estas alturas, SÍ estaba enamorado. Creer que el cielo en un infierno cabe. Eso es amor. Quien lo probó lo sabe.

Al fin entendía lo que pasó por el cuerpo y la cabeza de Lope...

Al fin tenía con quien pasear las inquietudes y los calentones. Con quien reirse, encontrarse y cuando toque irse, cogerse de la mano...

Con quien fundirse cuando la inseguridad que acompaña a esta cesión de sentimientos, a este alquiler de cordura, haga más que acto de presencia.

Con quien saltar muy alto para mirarse por encima de todo y de tod@s.

Con quien ser un poco más persona, más tierno, más llorón, más cachondo, más feliz.

Al fin tenía con quien disculpar juntos al mundo.

Entre el humo del cigarro mal apagado y el aire helado que entraba por la rendija, a la luz de la velita roja, pudo leer en letras de neón, suspendida en la nada, sorprendentemente clara, la palabra "afortunado". Empezó a calcular mentalmente. Puffff... si quería casarse, y quería, tenía que darse prisa, vaya, justo ahora que igual cambiaba todo en unos dias.

Y una sonrisa asaltó su cara y se desbordó en sus ojos y llenó su corazón de certeza y de paz. Era el cielo que cabía en el infierno. Un cielo tan limpio que hasta pedían perdón las nubes que lo surcaban de vez en cuando.

Entonces Oscar abrió los ojos y desde la cama estiró el brazo y le dijo ven.
Y él lo dejó todo...




lunes, 7 de noviembre de 2011

CARRITO DE LA COMPRA.

"-¿Por qué lo haces si sabes que me molesta? -dice A

-...hay tantas cosas que tú haces que me molestan... -contesta B"


En la puerta de un hipermercado, enfadados, rencorosos, visiblemente dolidos y sobre todo resignados.

Resumieron la historia de la humanidad.



Sin saberlo fueron ellos, fueron ellas, fueron los que ya no están y los que vendrán.

Simplificaron como nadie la evolución y sus efectos.



Ignorantes de tal hazaña empuñaron el carrito y entraron a hacer la compra resoplando tristes, continuando la escena, sin salirse del guión.


Para ello no se hablaron hasta que llegaron a casa y entonces hubo que discutir porque las llaves no aparecían. Al cabo de unos gritos aparecieron. Menos mal.

También menos mal que siguiera la vida su curso y ellos continuaran molestándose al dia siguiente... como si no hubiera pasado nada y su rencor hubiera quedado intacto.



( Esta historia está basada en hechos reales. Los nombres de los personajes han sido cambiados para preservar su intimidad. El verbo "joder" se ha sustituido por "molestar")


jueves, 15 de septiembre de 2011

ATROPELLO A LA RAZÓN, el estado de la víctima es de pronóstico reservado.


Criminales y peligrosos tiempos para la razón. También, quizá por acompañarla, para la educación.

Ésta última es carísima de ver en la calle, en los salones de las casas, en los medios y en las aulas. Y no se me quejen, seguimos poniendo nuestro granito de arena, maleducado, a diario.

La primera escasea en cualquier parte.

No es este un post que comience optimista.
Es un texto perdido y desesperado: sin educación no convivimos y sin razón nos perdemos...
Perdidos como estas letras que se enredan en frases oídas, sentidas, inventadas, esperadas, inconexas; incluso razonables y educadas.

Frases que quieren ser la última, la definitiva, la que anonada. Como que El ser humano es cruel, pero también genial. Como que Es capaz de todo, ese todo esperanzador, no el otro, claro. O Que todo llanto esconde una sonrisa. Y mejor aún: Que esa sonrisa nos basta.

No voy a seguir porque para punto y final ésta es insuperable. Resulta que a tiempo estaba de terminar optimista.
Maldito factor sorpresa, siempre nos deja con el culo al aire y la risa floja. Esa que nos debería bastar...