domingo, 22 de julio de 2018

Escribir

-Y ¿cómo empiezo a escribir?

-¡Oh, yo te regalo el cuaderno!

-Pero,  ¿CÓMO empiezo a escribir?

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A escribir se empieza queriendo sin que te quieran, o al menos como tú quieres. 
Se comienza dando tumbos, confundiendo los días, llorando por dentro, riendo por fuera, contando fideos para no morir, nadando en la calle, volando en la cueva, con un pecho que se ahoga si no brota primavera, con un ansia que imagina correr en campo sin rejas.

A escribir se comienza con valentía y desfachatez, siendo altivamente humilde y cuidadosamente descuidado. Con miedo pero sin temor, regalado a las señales, atándose a las palabras y viajando sin maleta. Sin prejuicios y con amor. Mucho amor. Un amor infinito... por tus brazos, por tus flujos, por tu vida, por tus muecas, por tus estupideces, por tus luces de neón escondidas en tinieblas. 

Se empieza con hartas ganas de descubrir tus huequitos, tus mentiras, tus absurdos, tu hambre de pasión nueva; con la boca de sorpresa preparada, lista, YA, para verte con los ojos de las manos, esos que se abren cuando menos te lo esperas delante de la hoja en blanco que se convierte en certeza y en lamparita de sol cuando se llena de letras.

Con los ojos pequeñitos de los dedos que sujetan una pluma que va sola, que te exige, que te guía, que te marea y te lleva... justo donde quieres ir, donde sueñas, donde ríes y donde al fin, ya era hora, te reconoces y encuentras. 




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