miércoles, 2 de mayo de 2018

Tu día

Amanecer desde mi casa en Almàssera, 2010    


Disfruto tanto regalando que a veces me siento egoísta esperando agazapada la oportunidad de dar a manos llenas.
Sobretodo cuando la distancia y el presupuesto complican el fin.
Cuanto más difícil sea llegar a la sorpresa más me gusta pelearla, así que allá voy.

Estaba bañándome en la piscina y pensé regalarte un viaje al espacio.

En el agua flotaríamos como en el infinito y podríamos abrazarnos sin notar apenas el peso que cargamos a la espalda. Las estrellas las llevo yo, dos son tuyas: la más chica y la más grande.

También se me ocurrió obsequiarte con un viaje en el tiempo dejando que me acompañes al lugar que sueño visitar desde siempre; así que cuando vaya a Islandia podemos compartir esa falta de aire que seguro provoca descubrir el verdadero inicio de todo.


Obvio quiero comer contigo, que es siempre placer. 
Yo cocinaría una tortilla de patatas y tú saldarías tu deuda llevándome a saborear un pozole... con queso. 
No sé qué día ocurrirá pero lo identificaremos fácilmente porque olerá muy rico.

Continúo pensando y concluyo que me haría muy feliz concederte paseos en los que nos abanique el aire, nos deslumbre el sol o nos empape la lluvia. 

Sentirte en caminos vivos, curativos, senderos largos y cortos, llenos de gente a quien saludar y también solitarios, plenos de esperanza, calma y silencio.
Caminatas tranquilas en las que la luna nos cuide o la oscuridad mimosa nos espabile. 

Sería tan divertido andar juntos mientras nos damos cuenta de que nuestras huellas no son las mismas que hace un rato y sin embargo nos reímos mucho observando lo poco que nos importa.


Además te regalaría lágrimas, pero en un cine, aplausos en el desayuno, carcajadas en el cansancio, ilusión en un lunes cualquiera, besos amargos de café y por supuesto mis manos si es que te caes.


No sé quien soy ni quien eres, ni siquiera sé bien dónde estamos.

Solo tengo muy claro que en un ínfimo rincón del universo yo estoy escribiendo mis deseos a la vez que pienso en ti y... en un parpadeo, el tiempo se estira, elástico, caprichoso, mágico...y voilà, ahora eres tú quien está leyendo estas pequeñas familias de letras que juegan ilusionadas a ser regalos mientras piensas en mi.

Eso debería bastar para sonreír. ¿Estás sonriendo? Yo sí.




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