sábado, 10 de diciembre de 2011

MUCHO FRÍO.


Cuando el tiempo se congela.

Los dos tiempos, el que pasa y el que enfría.

Bueno, a veces también el que pasa enfría. Sin duda es mejor cuando calienta.
La suerte es que depende de nosotros.
Lo malo es que a veces no nos damos cuenta y le dejamos la libre elección de templar o bajar la temperatura.
Fíjate, como si fuera una persona y pensara, y decidiera. Jesús.
Y venga, pase lo que pase lo aceptamos impepinablemente y nos quedamos helados cuando cumplimos días, semanas o meses.
Años son ya palabras mayores.

Me da por pensar que la lógica diría que cuanto más tiempo pase más tranquilidad, más serenidad, más igual da todo y más felicidad.
Más conformismo del bueno, del que relaja, más conocimiento del útil, más calor del de dentro que colorea las mejillas natural y eficázmente.
Pero no, pareciera que según pasa el tiempo en esta sociedad estúpida, ilógica y dañina... más frío en los huesos, en el rencor, en el cerebro...

Pues yo, aunque me toque mirar para otro lado en la calle o taparme los oídos muchas veces al dia, pienso calentarme cada día cumplido.
Reirme cada segundo que crezco porque voy a ser muuuucho más alta que vieja, no lo dudéis.
Más guapa que arrugada, más divertida que amargada.
Porque voy a jugar a más cosas que me voy a ir inventando sobre la marcha en esos momentos cálidos de subida.

Y porque no pienso dejar de mirar hacia arriba sonriendo como tonta cada vez que me doy cuenta de que tengo un día más.
Así mismo, vaya :)


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